Sentir es humano.

Claro que sí. Incluso, tus sentimientos son reales, pero tal vez no están fundados en la realidad

Existe una distinción entre “mis sentimientos son reales” y “mis sentimientos representan la realidad”.

Me he encontrado muchas veces en la incapacidad de crear por no superar sentimientos: celos, envidia, enojo, arrogancia. Y sí, esos sentimientos dentro de mí son reales porque los estoy viviendo, pero cuando quiero que todo el mundo trate ese sentimiento como el más importante a mi alrededor, caigo en cuenta de que estoy nuevamente viviendo por mis sentimientos.

Quiero que el entorno sea moldeado por mis emociones y ser yo quien esté en control del ambiente.

Esos sentimientos no toman el control solos; soy yo quien se lo otorga.

Y cuando dejo que ellos manejen mis reacciones, dejo de ser el hombre que Dios me creó para ser.

Me quedo pensando que, de la misma manera, tenemos temporadas en las que llega el pensamiento de alejarnos de Dios porque no podemos sentirlo. Y eso es solo una pequeña parte del gran conflicto que enfrentamos cuando queremos dejar de seguir a Dios.

Pero Dios no tiene miedo ante esas ideas.

Y dejamos de hacer.

Tenemos temporadas fuertes y productivas que muchas veces son guiadas por sentimientos. Y la emoción no es mala. De hecho, creo que en el hacer también debe haber un poco de sentimiento, algo vibrante que nos mueva a actuar.

Pero ¿qué pasa cuando ese sentimiento se va?

¿También dejaré de seguir a Dios?

Pensamos que Dios es lo mismo que el sentimiento que experimentamos cuando encontramos a Dios… y cuando el sentimiento se va, pensamos que Dios también se fue.

Pero todo lo que en esta vida vale la pena cuesta.

Siempre me repito esta frase, un poco en tono humorístico, pero es tan real:

“Todo lo que vale, cuesta”.

¿Acaso no amas ese sentimiento de estar enamorado?

Yo lo hago.

Pero ¿qué haces cuando ya no está?

Nos damos por vencidos en compromisos porque ya no lo sentimos. Dejamos carreras, sueños, proyectos, grandes oportunidades. Incluso nos dejamos a nosotros mismos porque ya no se siente como al inicio.

Sé que Dios no tiene miedo, porque Dios no es un sentimiento.

Sigamos a Dios no porque lo sintamos. Hagámoslo porque, al hacerlo, nos haremos conscientes de que Él está con nosotros.

Y vendrá una nueva temporada, acompañada de una nueva emoción.

Y esa emoción también terminará.

Pero síguelo.

Porque una nueva ya viene en camino.

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